Nunca me fui del todo

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¿Cómo se empieza un post después de 4 años?

¿«Hola, estoy de vuelta»? ¿«He vuelto después de 4 años»?

Cuando en realidad, nunca me he ido del todo.

En redes he seguido publicando, especialmente en mi cuenta de Instagram y, algo menos, en mi canal de YouTube.

Y he ido entrando aquí, en nuestra casa, para mantenerla limpia y actualizada, y también para reencontrarme. Sí, reencontrarme con esa Núria que escribía con tanta pasión sobre viajes e inclusión, con toda la ilusión y las ganas de compartir. Y esa Núria sigue aquí, con tantas o más ganas aún de seguir compartiendo y contándoos cosas.

Una pared de roca vertical, forrada de vegetación de arriba abajo y recorrida por hilos finos de cascadas, cae sobre las aguas de un fiordo. Abajo, navegando pegado a ella, el barco Milford Haven parece de juguete.
Milford Sound, Nueva Zelanda.

Y entonces, ¿por qué no escribías? Quizá os preguntaréis. O quizá no.

Pues, en realidad, no hay un motivo específico. Fue simplemente la suma de los días, del «luego lo hago», del «necesito encontrar un rato para poder sentarme y concentrarme» y también del esfuerzo extra que me requiere, como persona ciega, todo lo relacionado con el aspecto visual de las entradas: escoger y subir fotos que ilustren lo que estoy contando, conseguir que queden bien colocadas y, al final, quedar satisfecha con el post.

De hecho, ni siquiera había sido consciente de que llevaba cuatro años sin escribir. Nunca tuve la intención de dejar el blog. Simplemente fueron pasando los días y, sin darme cuenta, acabaron convirtiéndose en años.

Pero ¡aquí estoy de nuevo! Y con un montón de cositas que contaros.

Núria, Eric y Juanjo en una calle de Dublín el día de San Patricio. Núria se ríe con los ojos cerrados, con una sudadera verde con un trébol brillante y un lazo tipo Minnie Mouse con los colores de la bandera irlandesa; Eric lleva camiseta de IRELAND y unas gafas enormes con la bandera; Juanjo, unas gafas de purpurina rematadas en dos sombreros de duende. Detrás, una multitud igual de verde.

Eso sí, no os prometo una constancia milimétrica ni un orden de todo lo que ha pasado durante estos años, porque no quiero ceñirme a nada más que a lo que me apetezca contar en cada momento.

Así soy: una Géminis medio caótica a la que se le acumulan los pensamientos en los dedos y no sabe por dónde empezar… ni cuándo terminar.